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Inicio » Cine FlixOlé » Imanol Uribe: “El proceso de Burgos durmió en el doble fondo de una maleta porque había rumores de que la iban a secuestrar”
Recientemente has estrenado La sospecha de Sofía, adaptación literaria sobre espías en la Guerra Fría ¿Qué nos puedes contar de este film y qué te atrajo para hacer un thriller sobre espionaje?
La sospecha de Sofía me atrajo porque es una película de espionaje ambientada entre mayo del 68 y la caída del muro de Berlín. Fue una época que yo viví intensamente. De repente, revisitar esa época me parecía bastante atractivo y, por otro lado, soy fan del cine espías desde hace muchísimo tiempo. A mí me gusta ir cambiando de temáticas y me faltaba una película de espías. Aquí vi la posibilidad de hacerla y la verdad que me he divertido mucho, lo pasé muy bien.
Coincidiendo con el 50º aniversario del inicio democrático, desde FlixOlé hemos lanzado una colección con títulos de la Transición española, entre los que se encuentra tu primer trabajo como cineasta: El proceso de Burgos ¿Qué visión tenías de la situación sociopolítica vasca en ese momento en el que te aproximaste a este territorio? ¿Qué te llamó la atención?
Para mí, El Proceso de Burgos tenía dos factores importantes. Por un lado, yo todavía vivía en Madrid; soy de origen vasco, nacido fuera, en El Salvador, pero toda mi parentela es vasca. Tenía la necesidad, sobre todo en aquel momento de violencia, de conocer de primera mano la situación allí. Me atraía mucho porque, además, había estudiado periodismo y había vivido muy de cerca el proceso de Burgos cuando estaba estudiando.
A mí me gusta ir cambiando de temáticas y me faltaba una película de espías, y bueno, aquí vi la posibilidad de hacerla y la verdad que me he divertido mucho"
Por otro lado, había intentado hacer en Madrid una película de ficción, que en el último momento no se pudo hacer porque descubrimos que el productor no tenía el dinero necesario. Un grupo de amigos y técnicos decidimos hacer una película documental sobre el proceso de Burgos, que no necesitaba ese tipo de financiación. Nosotros rodábamos, lo enseñábamos y así conseguíamos más financiación, fundamentalmente de un círculo de amigos y abogados… Es decir, la película se financió desde Madrid.
Para mí, era una cosa importante. En cualquier caso, el documental me sirvió para conocerme a mí mismo y para descubrir lo que era la situación de España en aquel momento; un hecho como el proceso Burgos, que fue algo histórico, siempre quedará ahí para la historia. Esos fueron, en gran medida, los ingredientes que me lanzaron a hacer este proyecto.
¿Sentisteis vértigo a la hora de acercaros a este a este caso?
A la hora de hacerla, no. A la hora de recibirla, quizá hubo algunos líos. Hubo que ir haciendo contactos. El gran problema era que los procesados de Burgos militaban en aquel momento en cuatro partidos diferentes: Euskadiko Ezkerra, Herri Batasuna, la Liga Comunista Revolucionaria y el Partido Comunista de Euskadi. Había que convencer a todos de que yo iba a rodar muchísimo material. Al montarlo se lo tenía que enseñar a ellos antes de hacer la copia definitiva, para que todos estuvieran de acuerdo, por si había tergiversado algunas de sus opiniones. A todos no les iba a gustar, obviamente, pero en un 70% mantenía el discurso que habían expresado ellos.
En ese caso, ¿te sentiste presionado?
Los problemas empezaron cuando empecé a exhibirla. Lo hice por grupos. Les había prometido a todos enseñarles el copión (ya casi para mezclar la película). Entonces, pues se lo enseñé a Euskadiko Ezkerra, la Liga, al PCE y luego a Herri Batasuna.
Los problemas empezaron en Herri Batasuna por una cuestión, yo creo, de ego. Yo había entrevistado a los 16 procesados y a los abogados. A uno de los abogados, Patxi Zabaleta, de Herri Batasuna, le pedí que hiciera una introducción histórica de cómo ellos veían la situación. Patxi hizo esa introducción, la cual tenía un problema; más que ideológico, técnico. Por problemas que tuvimos, hubo que rodarla en un solo plano, con él paseando durante nueve minutos de uno para otro lado. Como introducción, era muy duro.
Los problemas empezaron en Herri Batasuna por una cuestión, yo creo, de ego"
Cuando llevé el copión a los de Herri Batasuna para ver la película, resulta que Patxi me dijo que no podía llegar porque estaba dando clases en Barcelona. Quité su introducción y les enseñé a los de Herri Batasuna el copión sin esa parte, porque me parecía que era un problema técnico, digamos, un problema de ritmo.
Los cité a todos en una moviola en Irún y allí les hice el pase. En el último momento apareció Patxi, quien había conseguido coger un avión y llegar a la proyección. Cuando vio que no estaba, que había quitado su introducción, se volvió como un escorpión y empezó a decir: “Bueno, yo no estoy, no estoy aquí, que me ha quitado”.
Yo había vuelto de Donosti a Madrid esa misma tarde y, por la noche, sonó el teléfono y era Patxi que me decía que los de Herri Batasuna se sentían traicionados y que no participaban en el proyecto por haber quitado la introducción. Me dijo: “Atente a las consecuencias”. No sabía exactamente lo que quería decir, pero bueno… Me colgó y ya no pude hablar más con él. Intenté hablar con gente del entorno para ver qué pasaba y todo el mundo decía: “No, ha sido un cabreo, ya se lo pasará”. Pero no se le pasaba y estábamos esperando a que nos dieran el “sí” o el “no” para mezclar.
Al final, hubo una negociación con mucha gente que participó y se llegó al acuerdo de que se proyectaba y participarían si se incluía la introducción de Patxi Zabaleta. Esa fue la cuestión: o la pasaba con esta introducción o no se hacía la película. Y bueno, tomé la decisión de meter de nuevo la introducción.
Hablamos de un testimonio pionero de la época por abordar una situación como era la del terrorismo en España. ¿Qué repercusión tuvo el documental en el momento de su estreno?
Con el estreno también tuvimos un cierto conflicto. Para llegar a San Sebastián, la película salió del laboratorio el miércoles y estaba anunciada en el festival un viernes, entonces, nadie la había visto. Ya el lunes había habido un pequeño lío porque parece ser que Jaime Milans del Bosch había leído que, en la programación del festival, había una película sobre el proceso de Burgos e intentó saber si alguien la había visto. Sólo lo había hecho el comité de selección del festival, pero un copión, no la copia. Entonces, como nadie la había visto, empezaron las presiones. Hasta tal punto que, cuando llevamos la copia, la recogimos un miércoles en el laboratorio y la llevamos a San Sebastián en coche el montador, Julio Peña, y yo.
La película durmió en el doble fondo de una maleta porque había rumores de que la iban a secuestrar. Tanto es así que Jaime Mayor Oreja, representante de la UCD, me citó en las oficinas del festival y me preguntó textualmente: “¿Qué costaría retirar la película del festival?”. Le dije que era imposible y ahí se acabó la historia.
Jaime Mayor Oreja me preguntó qué costaría retirar la película del festival. Le dije que era imposible"
Y por todo ello había una tensión brutal para el pase de prensa, el cual tuvo lugar a las ocho de la mañana. Nuestro director de fotografía, Javier Aguirresarobe, iba llevando los rollos copia a copia al proyector por si secuestraban la película, que por lo menos no se lo llevaran todo. Al final se proyectó sin ningún inconveniente, aunque después hubo problemas para estrenar El proceso de Burgos fuera de Euskadi.
Esa tensión que comentas con El proceso de Burgos, ¿la experimentaban también otros cineastas que dirigieron películas en aquellos años?
Por lo general, cada uno jugaba sus cartas y tenía su suerte. En nuestro caso, a la hora de proyectar la película fue muy bien en taquilla en Euskadi, pero en el resto de España apenas se pudo proyectar porque había amenazas. En Oviedo, que era la primera salida de Euskadi, no se pudo. Se estrenó en un cine y durante la primera sesión hubo como cinco o diez amenazas de bomba y el empresario la quitó.
Unos años después estrenaste La muerte de Mikel, que también trataba temas que estaban siendo tabú como la homosexualidad ligada con el entorno de la izquierda abertzale en el País Vasco. ¿Cómo recuerdas esta película?
Creo que, de las películas que he hecho, es la que más ha triunfado económicamente. Diría que más aún que El Rey Pasmado. Fue un éxito sin precedentes. Imagino que salió en el momento adecuado y en el sitio preciso. Arrasó. No lo sé con exactitud, pero creo que fueron a verla más de un millón de espectadores. Fue una sorpresa para todos, la verdad. Y luego, en cuanto a repercusión de otro tipo, también hubo alguna polémica. Como siempre ha pasado con las películas relacionadas con el asunto de la violencia en Euskadi. Además, aquí se añadió el tema de la homosexualidad. Por eso creo que tuvo tanto éxito, por la polémica que generó, sobre todo por esto último. Yo me he encontrado a lo largo de los años con gente que me ha contado que salió del armario gracias a La muerte de Mikel.
Este año has participado en la serie documental La conquista de la democracia, donde apareces con directores como Manuel Gutiérrez Aragón, Ángeles González-Sinde, Zucena Rodríguez… ¿Cómo se orquestó este trabajo con estos grandes cineastas?
Había distintas facetas que se tocaban. A mí me tocó las revueltas estudiantiles y fue una experiencia. Sobre todo, por el material de archivo al que accedimos, procedente gran parte de TVE o de alguna televisión extranjera de la época que no habíamos visto. Daba una medida de lo que fue aquella situación.
Después de La muerte de de Mikel, también estrenaste El rey pasmado. Luego vino Días contados, donde continuaste abordando la temática del terrorismo, pero en la novela en la que adaptaste esta historia no parecía no se abordaba dicho tema ¿Por qué decidiste incluirlo y qué fue lo que le dio a la historia?
En aquella época yo estaba fascinado con Carmen de Mérimée y estaba pensando en hacer una película sobre una Carmen diferente. Cuando leí el libro de Juan Madrid, me parecieron excepcionales los personajes femeninos que Juan había grabado durante montones de horas con gente de Malasaña, yonquis y mujeres que se prostituían por heroína…
Estaba fascinado con Carmen de Mérimée y estaba pensando en hacer una película sobre una Carmen diferente"
A mí no me interesaba por dónde iba el personaje masculino, tenía un planteamiento no me interesaba mucho para “mi Carmen”. Estuve dándole vueltas a la historia y ni se sabe lo que tardé en escribir ese guión.. De repente, me desperté por la noche, porque estas cosas siempre las estás masticando, y dije: “¡Ah! Ya tengo el don José: militar de ETA”. Así juntamos, a finales del siglo XX, dos de los temas más candentes en aquel momento, que eran la droga y la violencia. Así surgió la idea.
Has propuesto temas que eran muy complicados que se abordasen en aquel momento. Bwana también siguió ese estilo, y pusiste encima de la mesa temas como el racismo y la inmigración en España.
Sí, esa, fue una película también un poco de encargo. Me vino a través de Andrés Pajares, quien en aquel momento tenía varias series de éxito en Antena 3 y tenía mucha influencia. Me mandó a casa en unas navidades su propuesta para hacer Bwana, con él como protagonista junto con mi pareja en aquel momento, María Barranco.
Me leí el guión, que estaba basado en la obra obra de Ignacio del Moral, La mirada del hombre oscuro. En aquel momento empezaba el tema de las pateras y me parecía que era un tema de actualidad muy importante, y nos lanzamos a ello. Luego tuve que soportar a Pajares (risas), pero la película mereció la pena.

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