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Iris Domenech
Este 2026 se cumple el centenario del nacimiento de Francisco Rabal (Águilas, 1926 – Burdeos, 2001), una de las figuras más influyentes y carismáticas del cine español del siglo XX.
Desde los orígenes más humildes de la interpretación, trabajando inicialmente como electricista y figurante, Paco Rabal forjó una carrera sólida. Se convirtió gradualmente en un actor de voz inconfundible, con un rostro magnético cuya mirada ardiente y presencia reflejaban la dura experiencia de un superviviente de la España de posguerra. Construyó una trayectoria llena de personajes de marcado carácter, colaborando con cineastas nacionales como Rafael Gil, José María Forqué, Luis Buñuel, Carlos Saura y Mario Camus, lo que le permitió alcanzar gran popularidad y prestigio. Con el tiempo, este reconocimiento le abrió las puertas a proyectos internacionales, trabajando con grandes nombres de la talla de Antonioni, Visconti, Chabrol o William Friedkin.
En FlixOlé, celebramos su legado con una cuidada selección de títulos que abarcan toda su carrera. Podrás disfrutar desde sus primeros roles como galán de gesto severo hasta sus interpretaciones más memorables de la madurez. Además, nuestra colección especial “Centenario Paco Rabal” reúne casi medio centenar de títulos.
Al llegar a Barcelona, Miguel (Paco Rabal) pierde su empleo como marinero. A partir de ese momento, los apuros económicos lo empujan gradualmente al mundo de la delincuencia. Atrapado por la falta de oportunidades y las tentaciones de la vida urbana, se enfrenta a una encrucijada moral: elegir entre la delincuencia o el trabajo honesto como única salida.
Rodada en plena posguerra, Hay un camino a la derecha, refleja el discurso moralizante del régimen, donde la “rectitud” se presenta como la única vía. Rabal ofrece una interpretación poderosa y física, destacando por su rabia contenida y su vulnerabilidad palpable. Este trabajo fue clave para consolidarlo como una de las promesas más destacadas del cine social. De hecho, fue presentada en la I Semana Internacional de Cine de San Sebastián, donde los actores principales, Francisco Rabal y Julita Martínez, recibieron sendos primeros premios.
Historias de la radio se compone de tres relatos breves, inspirados en concursos radiofónicos, unidos por la figura del locutor Gabriel (Paco Rabal) y su prometida. Las tramas giran en torno a la radio y nos presentan a varios protagonistas: dos inventores que buscan financiación para patentar un pistón, un ladrón que coge una llamada telefónica en medio de un robo, y un niño que necesita viajar a Suecia para una operación quirúrgica.
Dirigida por José Luis Sáez de Heredia y protagonizada por Paco Rabal y Margarita Andrey junto a un reparto coral encabezado por Tony Leblanc, José Isbert y José Luis Ozores, fue un gran éxito popular que reflejó la enorme influencia de la radio en la sociedad de la época. Su impacto fue tal que inspiró imitaciones y una secuela, Historias de la televisión.
Como anécdota, en 1987, cuando se estrenó Días de radio de Woody Allen en Madrid, un amigo sugirió en broma a José Luis Sáenz de Heredia que la demandara por plagio, dada la similitud con Historias de la radio. Sáenz de Heredia, admirador de Allen, rechazó la idea y comentó que, en todo caso, lo consideraba un honor.
Andalucía, en el siglo XIX, es un escenario de efervescencia política y malestar social, caldo de cultivo perfecto para la lucha y la revuelta. En este contexto, Juan Cuenca (Paco Rabal), marcado por un delito de sangre, se esconde de la justicia en los montes andaluces. A su causa se suman otros fugitivos: un minero que asesinó a su capataz y un ingeniero amigo, que mató al jefe de la mina para defender al minero. Perseguidos por la Guardia Civil, su objetivo es alcanzar la costa para embarcar clandestinamente con destino a América.
Con Amanecer en Puerta Oscura, José María Forqué se apartó del realismo cinematográfico habitual en España para incursionar en el género del wéstern, logrando en ciertos momentos un estilo cercano al de directores como John Sturges o Delmer Daves. Este cambio fue reconocido internacionalmente con el Oso de Plata en Berlín, un galardón que facilitó la apertura de Rabal al mercado internacional.
El regreso de Luis Buñuel a España, tras más de veinte años de exilio en México, dio como resultado la magistral Viridiana, con guion basado en la novela de Benito Perez Galdos “Halma”. La película narra la historia de un anciano y solitario hidalgo español que recibe la visita de su sobrina, una novicia a punto de profesar. Al verla, el tío se obsesiona con ella, experimentando fantasías que incluyen deseos de forzarla para que no pueda separarse de él. La segunda parte del film muestra como la joven intenta practicar la caridad cristiana, acogiendo a mendigos, con consecuencias desastrosas.
La reacción de El Vaticano fue inmediata, catalogándola de “cruel y blasfema”, lo que provocó su prohibición y la censura de cualquier mención en la prensa nacional. A pesar de la censura en España, Viridiana hizo historia al ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes, siendo la única producción española en conseguirlo hasta la fecha. Hoy en día se puede disfrutar de esta obra gracias a la actriz protagonista, Silvia Pinal, quien logró sacar una copia de la película a México y así salvarla.
Noche de verano es la crónica de la verbena de San Juan en Barcelona. El clima apasionado y mediterráneo es el telón de fondo para una serie de historias de amor que se desarrollan a lo largo de dos años consecutivos mostrándose únicamente en la noche de San Juan.
Ópera prima de Jordi Grau, es una de las películas precursoras y a menudo infravalorada dentro del Nuevo Cine Español. A pesar de ser una coproducción hispano-italiana y de recibir premios en festivales, como el de Mar del Plata en Argentina para la versión íntegra de Grau, la obra fue objeto de serios problemas de censura y producción. La visión crítica y social de Grau chocó con la postura pro-matrimonio impuesta por la productora Procusa. Esta controversia provocó la mutilación del metraje para su estreno en España, donde solo se exhibió una versión recortada, lo que contribuyó a su posterior olvido y falta de reconocimiento.
Jose Luis Dibildos encargó a Carlos Saura hacer su segunda película, primera en color, en la que debía llevar a la pantalla la vida de José María “El Tempranillo”, un famoso bandolero andaluz. Dos razones fundamentales llevaron a Saura a aceptar el encargo: por una parte, continuar por la senda de las vidas condenadas y, por otra, hacer cine popular.
Llanto por un bandido recae en Paco Rabal, quien, como él mismo comentaba, sus amigos bromeaban diciéndole que tendría que hacerse una tarjeta que dijera que era especialista en bandoleros, curas y toreros. Creó un personaje con un gran arco evolutivo que vemos huir de la justicia sobreviviendo con su cuadrilla a base de asaltos y robos. Especialmente, luchando contra las fuerzas realistas del monarca absolutista Fernando VII.
Se estrenó a mediados de los sesenta y, aunque estuvo nominada a mejor película, en la categoría de Oso de Oro, en el Festival de Cine de Berlín, no se libró de la censura franquista. La cinta se cortó y no fue hasta 2018 cuando se pudo recuperar de forma íntegra.
A mediados de los ochenta, Mario Camus llevó a la gran pantalla la novela de Miguel Delibes. Esta cinta narra la vida de una familia de campesinos sometida a la tiranía y las humillaciones de su señorito en un cortijo extremeño. La película, que contó con un elenco de lujo destacando Alfredo Landa, Paco Rabal, Juan Diego y Terele Pávez, fue un rotundo éxito comercial, permaneciendo en cartelera por más de año y medio. Su resonancia no se limitó a las salas, sino que también fue aclamada en los principales festivales de cine internacionales.
En Los santos inocentes, Paco Rabal encarnó a Azarías con una mezcla de ternura e inocencia, eludiendo cualquier atisbo de caricatura y su inolvidable exclamación, “¡Milana bonita!”, se convirtió en parte de la memoria colectiva. Tal fue su impacto que, en el Festival de Cannes, Rabal y Alfredo Landa recibieron ex aequo el premio a la mejor interpretación masculina, además de una mención especial del jurado.
La trama sigue a César (Paco Rabal), quien viaja por los pueblos de España en autobús con Pilar (Concha Velasco), ofreciendo espectáculos variados como proyecciones de cine, prestidigitación y quiromancia. César, el “gran mago”, es en realidad un escéptico cuyo negocio es tan precario como su relación con Pilar. Sin embargo, su suerte parece cambiar, aunque ambiguamente, al adentrarse en la profunda Galicia, donde la aparición de “Saga” (Victoria Abril) seducirá a ambos, sembrando la discordia en la pareja.
Bajo la dirección de Jaime de Armiñán, La hora bruja se caracteriza por su estilo distintivo y su inmersión en la atmósfera celta, sirviendo de marco para una insólita historia de amor que se ve maniulada por la intervención de las “meigas”. Las actuaciones de Paco Rabal y Concha Velasco recibieron grandes elogios, lo que les valió los premios a mejor actor y mejor actriz, respectivamente, en la SEMINCI de Valladolid en 1985.
Juncal, cuyo nombre real es José Álvarez (Paco Rabal), es un torero cuya pasión son tanto las mujeres como los ruedos, sin embargo, su carrera se ve interrumpida por una grave cogida. Tras unos años de supervivencia dedicados a la picaresca, Juncal presencia el ascenso y éxito de su propio hijo como torero. Este hecho despierta en el antiguo matador la necesidad de recuperar a la familia que había abandonado tiempo atrás.
La serie explora el ambiente taurino dentro y fuera de la plaza y tiene origen en el episodio “Juncal” de la serie Cuentos imposibles, que fue producido por TVE en 1984 bajo el guion y dirección de Jaime de Armiñán. Este episodio tuvo una excelente acogida por parte del público y tras su éxito, se convirtió en la serie Juncal, que fue reconocida con el Premio Ondas a la mejor serie nacional. Individualmente, Paco Rabal ganó el Fotogramas de Plata al mejor intérprete de televisión, y El Brujo se alzó con el TP de Oro al mejor actor.
En 1999, Carlos Saura abordó la memoria en Goya en Burdeos, no en un puro biopic, sino una meditación visual sobre el artista al final de su vida, exiliado en Burdeos (1828), ciego y sordo. La película es una parábola sobre el poder de la creación y la condena del genio, donde el tiempo se convierte en espacio interior. A través de imágenes, el anciano Francisco de Goya revive su pasado: la corte de Carlos IV, su amor por Cayetana de Alba, la guerra y el desencanto. .
Saura eligió a Francisco Rabal para encarnar a Goya en su etapa de exilio, vejez y tormento. Esta interpretación se convertiría en la última gran actuación del actor, quien falleció en 2001, dos años después del estreno. La película fue un éxito en los Premios Goya, obteniendo cinco galardones, incluido el de Mejor actor para Rabal. Además, Saura dedicó la obra a su hermano Antonio, un pintor que había muerto un año antes del rodaje, lo que subraya la profunda relación del director con el arte pictórico, una conexión ya patente en sus primeros cortometrajes, donde ya se mostraban cuadros e incluso escenas de Antonio pintando.

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