La Tercera Vía, el movimiento que renovó el cine español de los 70

La plataforma estrena varias películas que Roberto Bodegas y Antonio Drove, entre otros, realizaron bajo el manto de José Luis Dibildos, el principal impulsor de la Tercera Vía

A principios de los 70, el productor y guionista José Luis Dibildos decidió crear un híbrido entre las dos Españas existentes tanto en producción como en consumo cinematográfico. Por un lado Carlos Saura y Elías Querejeta, entre otros, estaban apostando por un cine sesudo y muy crítico con el régimen franquista, el cual no se podía realizar de otro modo que mediante metáforas y mensajes encriptados para esquivar la censura. Por el otro, la comedia de brocha gorda, “las españoladas”: esas películas ligeras que divertían, llenaban las salas y comenzaban a anticipar el destape. Era el esplendor de los Landa, Gracita Morales, hermanos Ozores y compañía.

Dibildos quiso unir ambos polos con su catalogada Tercera Vía, un modelo de cine comercial y comprometido al mismo tiempo. De este modo, y también a través de la comedia, las películas de Ágata Films iban a mostrar la realidad del español medio que se enfrentaba a la modernidad y los cambios en la etapa final del Franquismo. Así, y con Roberto Bodegas a la dirección, en 1971 se estrenó Españolas en París, sobre un grupo de mujeres emigrantes en la capital francesa que se ganan la vida como empleadas del hogar. Esta película con caras muy conocidas (Ana Belén, Laura Valenzuela, Máximo Valverde, José Luis López Vázquez o Tina Sáinz) llevó a más de 1.2 millones de espectadores a las salas. La fórmula funcionaba.

Ejemplos de Tercera Vía

Los nuevos españoles (Roberto Bodegas, 1974), sobre trabajadores de una empresa se han de adaptar a la visión de una compañía extranjera cuando ésta los absorbe; Libertad provisional (Roberto Bodegas, 1976), con una liberada y picante Concha Velasco con la problemática de la marginalidad como telón de fondo; Tocata y fuga de Lolita (Antonio Drove, 1974), reflejo de la España conservadora frente a la juventud progresista plasmados en la relación entre un padre y una hija (Arturo Fernández y Amparo Muñoz) de clase acomodada; la sociedad previa a la Ley del Divorcio en Hasta que el matrimonio nos separe (Pedro Lazaga, 1977)…

Todas estas películas entran en el canon de la Tercera Vía: temáticas y preocupaciones de la clase media del momento envueltas en comedias que, sin embargo, procuraban aumentar los estándares de calidad que se estaban imponiendo en el género.

Garci, Summers y Jaime de Armiñán, "los otros" de la Tecera Vía

En Los nuevos españoles, junto a José Luis Dibildos y Roberto Bodegas, aparecía en el guion un José Luis Garci que, por aquel entonces, aún no había debutado en la dirección. Sin embargo, ya había coescrito las historias de películas tan relevantes como La cabina (Antonio Mecero, 1972) o No es bueno que el hombre esté solo (Pedro Olea, 1973). Los primeros films de Garci, en paralelo a la Transición, también forman parte de este modelo de comedias que le hablaban a la cara a una generación de españoles. Principalmente Las verdes praderas (1979), donde un madrileño de clase media (Alfredo Landa) tiene, en apariencia, una vida de ensueño: una posición de prestigio en una empresa publicitaria, una mujer e hijos maravillosos e, incluso, una segunda residencia en la sierra donde se relajan los fines de semana. Sin embargo, las metas conquistadas no llegan a alcanzar sus expectativas.

Con un tono más melodramático Garci presentó Asignatura pendiente (1977) y Solos en la madrugada (1978), dos títulos cargados de nostalgia y romances imposibles -sus grandes temas- en el Madrid inmediatamente posterior a la muerte de Franco.

Por su parte, Manuel Summers, quien alternaba el cine de autor de sus primeras películas con títulos más comerciales a finales de los 60 -obligado por el fracaso económico de Juguetes rotos (1966)-, vio en la Tercera Vía un espacio para volver a tratar sus temas predilectos. Así surgió Adiós, cigüeña, adiós (1971), una cinta en la que dos adolescentes se inician en el amor con un resultado torpe y cruel: la chica queda embarazada y, junto con su grupo de amigos del colegio, preparan el nacimiento de la criatura. La historia la completó dos años después con El niño es nuestro, cerrando así un díptico que triunfó en taquilla y abrió el debate tabú de la educación sexual en España.

Para cerrar este repaso al cine de la Tercera Vía nos adentramos en otro tema polémico y escabroso en su día: el de la homosexualidad y las personas transgénero. Si aún hoy, lamentablemente, existe cierto rechazo por una parte de la población hacia este tipo de identidades, imagínense en 1971 cuando el público vio en pantalla a todo un José Luis López Vázquez caracterizado como mujer. Y su director, Jaime de Armiñán, no trataba a su personaje como objeto de burla, sino que lo hacía con respeto y comprensión. Hablamos, cómo no, de Mi querida señorita, una comedia dramática absolutamente revolucionaria en la España de principios de los 70.  

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