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Iris Domenech
Pocas cinematografías han explorado lo prohibido con tanta libertad como la italiana. Desde la sangrienta narrativa del giallo, hasta el impacto moral del cine mondo, pasando por el terror radical que definió los años sesenta, setenta y ochenta, Italia convirtió la provocación en un lenguaje cinematográfico propio.
El reciente estreno de Este perro mundo (1962), obra fundacional del Cine Mondo, sirve como punto de partida para revisitar una colección que reivindica el rostro más oscuro, violento y perturbador del cine. Además, en este lanzamiento hemos rescatado obras de cineastas clave como Lucio Fulci, Lamberto Bava, Ruggero Deodato o Dario Argento, autores que filmaron aquello que otros ni se cuestionaban inmortalizar.
Pero antes, conviene entender el ADN de estos géneros. El Giallo, subgénero puramente italiano, reinventó el thriller criminal al fundirlo con terror, erotismo y un estilo visual desbordado. En paralelo, el Cine Mondo prometió realidad sin filtros y entregó puro shock: sexo, violencia y exotismo filmados sin pudor, mezclando situaciones reales y ficticias sin previo aviso situando al espectador en una incómoda frontera entre lo real y lo fabricado.
Estrenada en 1962 y dirigida por Paolo Cavara, Gualtiero Jacopetti y Franco Prosperi, Este perro mundo, inaguró el cine mondo. La película no sigue una narrativa clásica, sino que se convierte en un documental que encadena escenas de distintas partes del mundo mostrando contrastes entre las costumbres, rituales y situaciones extremas. Algunas de las escenas más conocidas fueron la cacería humana en Nueva Guinea o el rito mortuorio de Macao que provocaron en el espectador asombro, repulsión e indignación.
Aunque se presentó como documental, con el tiempo se supo que muchas escenas habían sido recreadas lo que también la convirtió en una propulsora del falso documental. Sin embargo, abrió un debate ético que aún persiste. Su exito fue inmediato a la vez que polémico. Fue acusado de explotar el sufrimiento humano, pero también fue reconocido internacionalmente, incluyendo una nominación a la Palma de Oro en el 15º Festival de Cannes y a un Óscar a Mejor Canción Original.
Cuatro años después, Jacopetti y Prosperi profundizaron en esta mirada con Adiós, África (1966), centrada en la descolonización africana. Aún más controvertida, la película muestra violencia real, ejecuciones y conflictos armados, consolidando al cine mondo como una de las expresiones más incómodas de la historia del cine.
Si el Mondo atacaba desde la realidad, Lucio Fulci lo hacía desde la pesadilla. En El gato negro (1981), adapatación muy libre de Edgar Allan Poe, el diretor italiano mezcla giallo, terror sobrenatural y gore para construir una historia de asesinatos marcados por una presencia paranormal.
El director construye una atmósfera profundamente opresiva marcada por una oscuridad constante y una violencia explícita que no rehúye la sangre. En este contexto de muertes en extrañas circunstancias, Patrick Magee da vida a Robert Miles, un científico aparentemente respetable que esconde una obsesión: comunicarse con los muertos a través del ocultismo.
“El padrino del gore”, Lucio Fulci, con El gato negro firma probablemente su película más “británica”, pese a que el rodaje se desarrolló más en Italia que en Inglaterra. Esa atmósfera contenida y brumosa parece marcar también el tono del film, que opta por un ejercicio de terror más comedido en lo que respecta a sangre y vísceras, sin renunciar por ello a la inquietud ni a la oscuridad características de su autor.
Hijo del legendario Mario Bava, Lamberto Bava debuta con el largometraje Macabro (1980), una película tan inquietante como íntima. El film narra la obsesión enfermiza de una mujer (Bernice Stegers) con la cabeza decapitada de su amante, combinando erotismo, necrofilia y horror psicológico. Su atmósfera perturbadora y el marcado erotismo le valieron la censura en varios países, aunque al mismo tiempo la consagraron como película de culto.
Pese a su fama por la violencia explícita, él mismo ha confesado que no le atraen los litros de sangre ni las vísceras; lo que realmente le apasiona son las historias y, sobre todo, la fantasía. Por esa razón, aseguró que nunca hubiese filmado una película basada en hechos reales.
Cinco años después, Bava abrazaría un terror mucho más extravagante con Demons (1985), producida por Dario Argento. Ambientada en un cine donde una proyección libera una plaga demoníaca, la película es un festival de sangre, maquillaje excesivo y música heavy metal. Representando la cara más festiva y desinhibida del terror italiano de los años ochenta.
Si hay una película que resume el carácter extremo del cine italiano, esa es Holocausto caníbal (1980), dirigida por Ruggero Deodato. El film sigue a un equipo de documentalistas desaparecidos en la selva amazónica, cuya historia se reconstruye a través de las cintas que dejaron atrás. Lo que encuentran es una espiral de violencia, canibalismo y barbarie que apunta directamente al cinismo de los medios occidentales.
La película fue prohibida en más de cincuenta países, se estrenó en Milán en 1980 y fue censurada diez días después. Deodato buscaba intencionadamente la polémica y la consiguió. Se propagaron rumores de que los periodistas del filme habían muerto de verdad y que las escenas de violencia eran auténticas. La situación se descontroló. A pesar de que el director presentó a los actores vivos en televisión, la escena de la indígena empalada (interpretada por una actriz que supuestamente nunca volvió a aparecer en público tras el rodaje) consolidó la leyenda de que la película estaba maldita. Como consecuencia, Deodato fue condenado a cuatro meses de prisión condicional y a pagar una multa.
La violencia real contra animales y su estructura de found footage, pionera en el género, la convierten en una obra tan influyente como moralmente incómoda. Cabe destacar, que más allá del escándalo, Holocausto caníbal es una feroz crítica al sensacionalismo y al colonialismo cultural.
En Phenomena (1985), Dario Argento lleva el giallo a un terreno casi onírico, con ecos de cuentos como Alicia en el país de las maravillas.
Protagonizada por la joven Jennifer Connelly, la película combina asesinatos, poderes psíquicos y una misteriosa conexión con los insectos, construyendo un relato hipnótico y profundamente personal. Jennifer Corvino, hija de un famoso actor, llega a la Academia Richard Wagner, un internado suizo, y pronto se ve inmersa en una serie de brutales asesinatos que aterran a las alumnas. Gracias a sus dones paranormales, intenta desenmascarar al psicópata y desvelar los oscuros secretos que esconden los muros del colegio.
Apoyándose en una banda sonora que mezcla a Goblin con Iron Maiden, Argento se aleja del giallo clásico para construir una fábula oscura donde la atmósfera prima sobre la lógica, demostrando que el cine italiano de terror no solo buscaba impactar, sino también experimentar con el lenguaje cinematográfico y llevarlo a nuevas fronteras de estilo e imaginación.

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