Marta Medina y Enrique L. Lavigne, sobre El último Arrebato : "Cuando ves Arrebato, es difícil quitársela de encima"

Marta Medina y Enrique L. Lavigne, directores de El último Arrebato

Entrevistamos en San Sebastián a Marta Medina y Enrique L. Lavigne, directores del filme sobre la adictiva Arrebato. En este viaje por las cintas de Super-8, obsesiones y malditismos que envuelven a la película de Iván Zulueta, descubriremos si los autores del documental encontraron 'la pausa'.

Presentáis El último Arrebato, documental sobre la película de culto de Iván Zulueta ¿Qué pasó con este filme que estuvo desaparecido tantos años?

Marta Medina (MM): Arrebato ha tenido como una mala suerte, una serie de infortunios que, desde que se estrenó en los 80 hasta eso de los 2000, han hecho que desapareciese hasta la remasterizaron. Es curioso, porque Zulueta era el director más prometedor que había, el más moderno, y desapareció por una serie de circunstancias; igual ocurre con la película, sobre la que ha habido ese malditismo.   

Enrique L. Lavigne (EL): Esa sucesión de importunos genera que la película se quede fuera de la circulación y la hace un objeto mucho más deseable.  En un momento en el que las plataformas tienen unos catálogos enormes, hay películas que se pierden. Arrebato es una de ellas. Eso hace, como he dicho, un objeto mucho más deseable; no sólo para los coleccionistas, sino también para los cinéfilos que quieren ver, al menos una vez en la vida, algo de lo que se ha hablado durante décadas.

Yo llegué a ver la película 10 años más tarde de que la película se estrenase, pero la generación de Marta ha tardado muchísimo en poder recuperarla. Realmente es una película que todavía se está conociendo. Hay gente que todavía me dice: “La pude ver anteayer en la plataforma FlixOlé”, por ejemplo. Te das cuenta que las películas no existen si la gente no las ve. 

MM: Y ahí es donde empezó nuestra investigación. 

Arrebato es una película un poco profética de lo que le va a suceder al propio Zulueta" (Marta Medina)

Es la primera película que dirigís juntos. Más allá de ser una película de culto ¿Qué lado sobre la película queríais mostrar al público al hacer el documental?

EL: La verdad es una película poliédrica. Es un caleidoscopio en que hemos intervenido ocho creadores: montadores, también de sonido, directores de fotografía; Jaime Chávarri, que se incorpora en la película de forma supergenerosa… Es una película que habla de las personas que hacen películas. Arrebato es un cristal: ves a Eusebio, que es el alter ego de Iván; Wilmore es esa presencia mágica. Muchas de esas personas ya no están, entre ellas Eusebio, que se ha quedado en El último Arrebato y a quien le hemos dedicado el documental. 

Es una película sobre Zuleta interpretada por Jaime Chavarri y dedicada a Eusebio Poncela. Fíjate en sí lo que significa. Significa que muchas generaciones se han quedado de alguna forma incorporadas dentro de esas imágenes. Zulueta, 50 años antes del selfie se grababa obsesivamente con sus cámaras Super 8; pero no solo a él, sino a sus compañeros, amigos, en las fiestas… Eso es lo que aprendimos en los Super 8 recuperados de Zulueta por Filmoteca y es lo que alimentó un poco nuestra necesidad de investigar. 

Hay una cosa muy buena en esta peli, y es que no nace de la necesidad de hacerla, ni de la necesidad de entregarla; no es un encargo de una plataforma, ni el encargo de una productora. Es una película en la que varios fans de Arrebato han ido desgranando aquellos enigmas y aquellas cosas que realmente no entendíamos del proceso. 

MM: Arrebato es una película un poco profética de lo que le va a suceder al propio Zulueta. Es una película de un director que desaparece, como Zulueta. Habla de cómo lo que ocurre detrás de la cámara afecta a lo que ocurre delante de la misma. Todo se mezcla. Por eso también nosotros decidimos que teníamos que hablar también de nuestro proceso al hacer la película, y de cómo todo al final se va incorporando a la propia película.

Will More en la película Arrebato

Descubriendo 'la pausa'

¿Cómo ha sido la gestión de roles entre vosotros? 

EL: Caótica. Incluso en los momentos que notas tensión es porque realmente hay tensión. Los momentos en los que piensas que está ficcionado, no lo está, sino que estamos aprovechando un momento en el que se crea un clima difícil, opresivo o diferente para grabarlo justo después. 

MM: Grabarlo  durante tres años hace que sea una película en muchas fases. Y claro, la gente que estamos haciéndola también nos hemos pasado por muchas fases. 

EL: Una de las obsesiones que teníamos cuando ves la película de Zulueta, y ves esa intimidad en la que conviven Cecilia Roth con Eusebio Poncela, o Will More con ella, te preguntas “¿Y esto, dejan la cámara funcionar y están ellos interpretando unas líneas? ¿Esas líneas de diálogo están van transformándose?¿Cómo se hace para llegar a ese clima tan home movie? Pues eso es un poco lo que nos ha pasado en el proceso de esto también.

La gente nos pregunta sobre el momento en el que Marta le pregunta a Jaime si pueden ver la cámara de Super 8 que aparece en la película y que tenía Jaime, y éste responde con un “no”. Pero es que fue así. Parece una ficción, pero no lo es.

Los momentos en los que piensas que está ficcionado, no lo está, sino que estamos aprovechando un momento en el que se crea un clima difícil" (Enrique L. Lavigne)

En el documental le decís a Chávarri que no queréis hacer una película de bustos parlantes ¿Es bastante coherente con lo que es Arrebato y Zulueta?

MM: Era un punto de partida fundamental. No puedes hacer una película sobre Zulueta o Arrebato de una forma convencional. Sería traicionar el espíritu. Entonces, sí que habíamos pensado mucho cómo replicar la esencia de la película. Ha sido un trabajo colectivo. Cuando rodamos replicamos el paseo de la Gran Vía, los cines que habían desaparecido… Hemos ido buscando esas rimas que hay entre lo que hemos rodado nosotros como lo que sale en Arrebato, como lo que a su vez rodó Zulueta en esos Super 8 que se encontraron.

En esos Super 8 te das cuenta de que eran bocetos. En uno de los Super 8 caseros se le ve durmiendo, y es una grabación hecha diez años antes de ver a Will More en Arrebato. También ocurre con las escenas de la televisión o jugando con el ‘blandiblue’. Todo eso está de una forma obsesiva en todos los Super 8.

Película Arrebato

La presencia de Jaime Chávarri

Recuperando ese momento bastante mágico del documental, cuando aparece la cámara de Arrebato en casa de Jaime Chávarri ¿Qué sensación tuvisteis cuando lo visteis por primera vez? 

EL: Es muy curioso porque para Jaime es su parte favorita. Todo es casualidad, en realidad. 

MM: Igual que cuando se abre el baúl por primera vez y cogemos esos Super 8 y dice: “¡Anda! No sabía que tenía esto aquí”. O sea, es real. Y dijimos: “¡Ostras! ¿Por qué no traemos un proyector y vemos lo que hay dentro?”. Y cuando él los está viendo, los está viendo por primera vez. 

EL: Nuestro director de fotografía, Álvaro (que estudió con Marta en la ECAM), es como un profesor chiflado de los artilugios y los elementos fílmicos. Él se había procurado dos cámaras, que son las mismas que utiliza, por un lado, Will More y, por otro lado, que está en la propia película. Se procuró las cámaras de esa época, intentó encontrar las emulsiones para poder rodar… Había una búsqueda de la verdad, de que los objetos con los que tú ruedas, al final también impregnan cosas que se imprimieron en el pasado. Los ecos del pasado son muy importantes en la película.

MM: Incorporamos el momento en el que está Álvaro con la cámara Super 8 y se queda atascada y nos quedamos todos con un “¡Ostia!”. 

EL: Es realidad hasta el último segundo. Nos hemos permitido una licencia con esa trama, una licencia que es fantástica y es cuando la cámara decide, te absorbe y decide darte la eternidad. Desapareces en la película, pero tienes a cambio la eternidad. 

MM: También pensamos que Pedro, el personaje de Will More, hace una película y desaparece; José Sirgado ve la película y desaparece; Zulueta hace Arrebato y en cierta forma desaparece… Entonces, nosotros también queríamos participar en esa maldición.

Me he reenamorado mucho de mi oficio después de haber parado y creo que eso está muy bien. Ahora lo disfruto desde otro lugar"

Jaime Chávarri es muy protagonista tanto en la vida de Zulueta como en vuestro documental. ¿Qué ideas ha aportado de cara a la creación de este documental? 

EL: Jaime Chavarri pertenece es amigo de Zulueta antes de que éste ruede Arrebato. Es cuando más se encuentran los dos, donde más se conocen, comparten amigos, proyectos, historias que nunca llegan a hacerse… Hay algo mágico en esa faceta un poco más humorística de Zuleta, en la que no hay todavía esa oscuridad que permanece desde Arrebato hasta el final. 

Es curioso ese viaje que hace Jaime, que viene hasta aquí para, de alguna forma, disculparse por no haber estado con su amigo durante todo ese tiempo. Eso es real. Nos ha aportado, además de ser enormemente generoso con el material que tenía de sus películas y demás, es una visión de Zulueta que desconocíamos.

Jaime también aporta una melancolía, algo que se muestra al final de la película y que es un homenaje a esa generación de cineastas que fueron libertarios, pero que también lucharon contra ellos mismos, sus familias, contra una forma de hacer las cosas… Al final se van casi con la cámara en la mano.

MM: Chávarri además es el puente entre los dos tiempos. Estaba entonces con ellos y con nosotros ahora.

El último Arrebato

La presencia de Jaime Chávarri

Arrebato tiene ese síndrome de Peter Pan, recurriendo a esas escenas con los tebeos y cómics. En vuestro caso, se nota que habéis disfrutado también como niños al descubrir nuevas cosas de Zulueta ¿Lo habéis sentido así también?

EL: Cada vez que ves la película, que es una película mutante, te asomas a ella de una forma diferente. Cuando la vi, me impresionó mucho lo de la droga. Ahora, con 58 años como yo tengo ahora, te impresiona mucho la vuelta a la infancia, el ‘peterpanismo’ que Zulueta incorpora a los personajes que no quieren salir de ese espacio de felicidad, de su infancia. Esas cosas te marcan muchísimo. Es una película que, cada vez que la ves, tiene una dimensión diferente. 

Yo con amigos y cineastas con los que he hecho películas, como por ejemplo con Nacho Vigalondo, siempre hablamos de los flashbacks y de que no sabes distinguir lo que es realidad o ficción. Está llena de enigmas, es muy fina y, al mismo tiempo, es una película que está hecha entre amigos. 

MM: A mí, particularmente, me gusta mucho la parte de terror. Me viene a la cabeza el sonido de la cámara.  Todos esos elementos inquietantes a mí me gustan mucho. A parte de que tiene el mejor final de la historia del cine español; es increíble. 

No queríamos hacer una película didáctica sobre las drogas. Queríamos entender que Arrebato es una película sobre la adicción" (Enrique Lavigne)

Además del tema de las drogas, también habéis abordado el novio que tuvo Zulueta, su amiga y el propio Jaime ¿Cómo ha sido abordar todos estos puntos de vista?

EL: No queríamos hacer una película didáctica sobre las drogas. Queríamos entender que Arrebato es una película sobre la adicción, pero no solamente sobre los paraísos artificiales, sino de las imágenes y de muchas otras cosas. Es verdad que Iván decidió una vida con heroína. Lo interesante es que Arrebato es una película que engancha. Cuando la ves una vez, es difícil quitársela de encima.

Es una decisión madura y consciente de que eso lo necesitaba él para crear, pues igual que los Beatles necesitaban LSD, otros necesitaban el opio para poder llegar a mundos imperceptibles a los que seguramente no hubieran llegado de otra manera. 

MM: Zulueta era como un místico: se encierra y, para llegar a esa éxtasis, toma sustancia y así llegar a un punto de trascendencia que de otra forma es más complicado. 

 

Al margen de Arrebato, ¿cuáles diríais que son vuestras tres películas favoritas del cine español?

MM y EL: Arrebato, por supuesto; El extraño viaje, Furtivos… Y El ángel exterminador, por mencionar a Buñuel.

...Y si te has quedado con ganas de más