
Entrevista a Teresa Valero
Teresa Valero: “El lenguaje del cómic tiene mucho que ver con el cinematográfico” FlixOlé entrevista a la ilustradora Teresa Valero, quien con su serial Contrapaso,
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Desde FlixOlé hemos lanzado una colección en la que vinculamos cine y cómic. Como ilustradora, ¿qué relación tiene el cine en tu trayectoria?
Mucha, porque vengo del cine de animación. Empecé con dieciocho años como secretaria de producción en los Estudios Cruz Delgado, donde se hicieron Los Trotamúsicos y El Quijote. A partir de ahí entré en Lápiz Azul como artista, y toda mi vida profesional ha sido trabajar para para el cine de animación y las series, también para productos de televisión en labores de storyboard de películas, lo que sería el guion gráfico.Siempre he estado muy interesada por la narrativa cinematográfica.
Finalmente, de una forma natural, acabé haciendo mis propias historias en cómic; al final tiene mucho que ver este lenguaje con el cinematográfico.
¿Hay en tus cómics una influencia directa del cine a la hora de diseñar y elegir los planos?
El tipo de cómic que hago está muy influenciado por mi pasado profesional en el cine. Desde niña he sido muy cinéfila y en mi generación, antes de los veinte años estábamos expuestos a todos los clásicos, tanto españoles como norteamericanos. En nuestro radar ya estaban cineastas como John Ford, Berlanga, Fernando Fernán Gómez, incluso Ana Mariscal. Recuerdo haber visto un ciclo sobre ella siendo niña, y eso denotaba una cultura importante.
Todo eso te va dando un sentido del ritmo narrativo y de dónde poner la cámara, que nosotros en cómic también lo tenemos que decidir en cuanto al punto de vista. Y sí, yo creo que esa riqueza de variedad de planos, de cómo contar y de cómo crear un ritmo narrativo me viene totalmente del cine.
En Contrapaso, concretamente, el cine está muy presente. ¿Fue una decisión meditada?
Sí, siempre me había interesado la historia de cómo se ha construido el cine a lo largo de los años. Desde los pioneros, tanto europeos como norteamericanos, y cómo habían conseguido crear una gramática. También la historia sobre el terreno es muy interesante, y más aquí en España después de la Guerra Civil, también de la Guerra Mundial en Europa: cómo desembarcan los americanos, cómo intentan rodar más barato y además en escenarios que les interesan particularmente. Y ya que ahí tenía que hablar de nuestra posguerra, me pareció que podía matar muchos pájaros de un tiro; poder hablar de la sociedad a través del cine, porque el séptimo arte era un reflejo de lo que estaba pasando.
Nuestro cine hacía un esfuerzo muy grande por contar la situación social del país con todas las dificultades que eso conllevaba por la censura. Pero también nos abrimos un poco a través del cine americano, nos permitía soñar. Todo eso también me interesaba mucho. Los años 50 fueron un periodo especial en el cine, de gran ebullición, y es cuando más llegó a las clases populares. Por eso me pareció el momento ideal para poder encuadrar el séptimo arte en Contrapaso.
Para documentarte contaste con Fernando Méndez-Leite y otras personalidades del cine español. ¿Qué te aportaron para Contrapaso?
Me aportaron mucha sinceridad, algo que tú no puedes tener del todo porque no lo has vivido de primera mano. Por eso me ayudó tanto poder hablar con Fernando Méndez-Leite, con Alicia Salvador (viuda de Eduardo Ducay), que me explicó cómo eran las normas de censura de cabo a rabo; con el prestigioso historiador de cine Román Gubern… Todos ellos me contaron cosas muy de primera mano: cómo se podía rodar, cómo podías ver cine que estaba prohibido…
Por ejemplo, la importancia que tuvieron los cineclubs del SEU, que era el sindicato universitario de Falange. Y cómo eran los que traían, muchas veces, el cine prohibido para que lo pudieran ver todo tipo de estudiantes; se daban esas paradojas porque sentían que la pasión por el cine prevalecía ante ante todo.
Estas personalidades me contaban las historias de Bardem, Berlanga, de la famosa Escuela de Cine que creó esa generación de realizadores tan estupenda… En realidad, eran cronistas de la historia de nuestro país. Todo ello me hizo hablar con más honestidad sobre este periodo.
Los años 50 fueron un periodo de gran ebullición en el cine. Por eso me pareció el momento ideal para encuadrar esta época en Contrapaso"
También hablaste con Julio Diamante, cineasta y uno de los cabecillas de la huelga de estudiantes de 1956, que también tiene importancia en Contrapaso
Fue una experiencia muy emocionante. No pudimos conocernos en persona y sólo mantuvimos contacto por teléfono al encontrarnos en pleno COVID. Él tenía ya 90 años y me contó, con pelos y señales, cómo había sido la rebelión estudiantil de 1956 en la que fue uno de los principales cabecillas. Fue un momento de muchísima tensión política en España, y esta lucha en la universidad derivó en las Conversaciones de Salamanca, en las cuales Juan Antonio Bardem terminó en la cárcel.
¿Mayores con reparos, la segunda entrega de Contrapaso, es una especie de homenaje a todo este contexto de rebelión?
Sí, lo que más me interesaba aquí era hablar, sobre todo, de cómo puedes expresarte cuando caes en un ambiente en el que la libertad no está permitida. Empezó siendo un homenaje a la prensa escrita y, de forma natural, en el segundo tomo el cine -que ya estaba al mismo nivel de la prensa o la radio- cobra importancia de cara a las personalidades que trataban de contar sus historias. Todos ellos fueron muy valientes porque estaban luchando por la libertad de expresión. Y eso es algo muy bonito.
Respecto a las Conversaciones de Salamanca, ¿qué hay de esa lucha cultural de Bardem, Berlanga y compañía en Contrapaso?
He intentado hacer una historia que recoge ese testigo de personas que, mediante su trabajo, se comprometieron socialmente y trataron de hacer reflexionar a las generaciones venideras. En estos tiempos en los que parece que la inteligencia artificial va a poder hacer todo, la creación artística y la comunicación con nuestros semejantes cobra aún más sentido.
Por eso me gusta pensar en mi trabajo como un puente entre aquella generación y la nuestra: lo que dejaron, su compromiso, su valentía e, incluso, su buen humor en tiempos difíciles.
¿Qué creadores españoles te han servido como referencia para este trabajo?
La figura de Ana Mariscal ha sido muy importante para mí. En Contrapaso salen mujeres, como ella, que no se resignaban al papel que la sociedad les daba, que era el de meterte en casa, servir a tu marido y tener hijos. Por eso Ana Mariscal, que además de ser una grandísima actriz hizo películas muy particulares y muy valientes, para mí es una referente. Me fascinaba su voz y su madera de actriz, pero cuando he visto sus películas me he dado cuenta de que tenía un discurso muy personal.
Y luego, por supuesto, Bardem, Berlanga, Azcona y Fernando Fernán Gómez, tanto como actor como en la dirección, también tenían unos discursos absolutamente particulares. De hecho, habían tenido una posición cómoda en el régimen y con sus discursos ponían en riesgo su propia seguridad y prestigio
La figura de Ana Mariscal ha sido muy importante para mí, es una referente"
¿Y películas españolas?
El inquilino es el referente total que he tenido en cuenta porque habla de la gran crisis de vivienda que hubo en los años 50. En cuanto a ambiente, por supuesto Muerte de un ciclista, también he intentado emular el humor de mi admirado Azcona en películas como Los jueves milagro, dirigida por Berlanga…
El Madrid de los 50 es un personaje más de Contrapaso. ¿A qué recurriste para inspirarte y plasmar ese ambiente?
El cine negro español de la época ha sido una gran inspiración, tanto el que se hizo en Madrid como, sobre todo, en Barcelona. Películas como 091, Policía al habla, películas de Iquino… han sido referentes para mi novela. Gracias a ellas se puede captar el ambiente de la época, tanto urbano como de extrarradio.
También se me ocurre cine más social como Mi tío Jacinto o incluso El cebo, también de Ladislao Vajda, aunque esta última no esté ambientada en nuestro país. Se me ocurren Surcos o Historias de Madrid, por ejemplo, en cuanto a conocer cómo vivían las clases populares en la capital… Realmente tenemos unas películas grandiosas.
Gracias al cine negro y al cine social de los años 50 he podido captar el ambiente de la época"
También te sirvió como inspiración el semanario El Caso o la serie La huella del crimen
El Caso es referencia total de Contrapaso. De hecho, mi primera idea era hacer El caso en novela gráfica, pero salió la serie de televisión y vi que hacer algo prácticamente igual no tenía sentido. Por eso me llevé la historia a un periódico ficcionado. La huella del crimen me sirvió mucho, en especial el caso de Jarabo, en el que aparece Chicote; tiene gran importancia en mi novela.
¿Cómo va a ser el cierre de la trilogía de Contrapaso?
Va a ambientarse casi en los años 60 y no va a ser tan urbana, sino que se va a hablar más de la España rural de la época. También va a tener una clara influencia del cine, ya que también era muy importante en esos núcleos.
¿Cuáles son tus tres películas favoritas del cine español?
Diría El verdugo, Mi tío Jacinto y Calle Mayor. De ejemplos actuales, me gustó mucho Cinco lobitos.

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