
Mariano Ozores: 100 años del director que llenó salas de cine
Mariano Ozores: 100 años del director que llenó salas de cine En el centenario de Mariano Ozores, recordamos cinco obras que definen su prolífica trayectoria
Debutas en la dirección con El mal hijo, un proyecto que llevaba en tu cabeza desde hace tiempo ¿Qué es lo que te animó a llevarlo a la gran pantalla?
Llevaba mucho tiempo con el proyecto. Éste es el cuarto guión que trabajamos para para levantar mi ópera prima. Vio la luz y fue el guión afortunado. Yo tenía muchas ganas de de contar una historia donde la adicción fuese uno de los motores, no tanto para contar el periplo de una persona que sufre esta enfermedad, sino para ver las erosiones que se generan alrededor a nivel familiar y sobre cómo a través del amor, a través de la sensibilidad, uno puede romper los ciclos de violencia heredados. Se ve en el personaje de la abuela con Rubén: a través de su educación él es capaz de romper ese ciclo.
¿Cuánto tiene de ti esta película y cómo fue llevar la novela de Salvador S. Molina a tu terreno, con una segunda parte del filme que es de tu propia autoría?
Me he dejado todo, la verdad; no te voy a engañar. Creo que quien vea esta película me puede conocer mucho más que viendo cualquier trabajo que he hecho a nivel actoral. Es una parte de mi sensibilidad, de mi forma de ver la vida, de muchas cosas que a mí me remueven. La novela es toda la infancia de Rubén pero yo, para ver las consecuencias de las ausencias del padre y de esta enfermedad en Rubén, necesitaba un salto temporal.
Comentas que, como actor, te hemos visto en películas de corte más comercial, y ahora te lanzas a la dirección con un filme más autoral. ¿Cómo ha sido dar ese salto?
Es una cosa que me hace ilusión que me pregunten, porque una de las devoluciones principales que me dicen es que no se esperaban la película porque he hecho muchas cosas comerciales, cosas que no tienen absolutamente nada que ver con este tipo de cine. Pero es que yo he dirigido la película que me hubiese encantado interpretar. Ésa ha sido un poco la premisa.
¿Y cómo valoras tu experiencia al estar al otro lado de la cámara?
He encontrado un lugar, no de seguridad, pero sí de comodidad enorme. De comodidad e incomodidad, porque hay momentos muy incómodos y muy difíciles de gestionar, pero al final es el lugar donde más se puede cuidar tanto al proyecto como al equipo que forma el proyecto. O sea, ocupas un lugar de tanto amor que si lo pones, se te devuelve. Entonces, ha sido una droga maravillosa.
¿Quiere decir que te veremos en más proyectos como director?
Ya estoy en ello. Tengo la segunda cosa escrita, que a ver si ve la luz; o sea, yo quiero seguir, totalmente.
Otros actores con más veteranía dieron el salto a la dirección y, en tu caso, hacerlo tan joven, es un auténtico acto de valentía
Toda mi vida he sido un poco inconsciente y poco de protocolos. Cuando me ha nacido algo, he querido llevarlo a cabo. Y si me han dado vía libre, pues ahí que he ido. Es una más de mis buenas ideas (ríe).
Tenía muchas ganas de de contar una historia donde la adicción fuese uno de los motores."
¿Cómo ha sido equilibrar los distintos temas que componen la película -la intimidad familiar y abordar los problemas de la drogadicción- para evitar que se eclipsen?
Tanto en el planteamiento de cámara como de interpretación, mi leitmotiv ha sido ser cero pornográfico, emocionalmente hablando. Creo que en la realidad de estos lugares no hace falta poner el foco en nada en concreto, porque los personajes están acostumbrados a eso. Creo que si hubiese hecho mucho hincapié en algo en concreto, estas cosas se hubiesen desequilibrado, pero al final yo he intentado retratar desde un lugar super respetuoso y super honesto una realidad.
¿Y cómo ha sido trabajarlo con un elenco con nombres de dilatada trayectoria y caras que aparecen por primera vez en cámara?
Pues ha sido un regalo porque he podido trabajar con dos de mis mejores amigos: con Óscar y Miguel Ángel Puro. Tener a Susi Sánchez, no hace falta decir nada más porque ella es, para mí, la actriz.
Y luego con Abel, la historia de cómo surgió fue muy graciosa. Me parecía el casting más complicado de la película porque él quería interpretar cosas muy difíciles. O sea, cosas que necesitan de un talento innato en los niños porque, claro, tú con un niño tienes que jugar, no tienes que meterte en un lugar medio sensible para conseguir las cosas. En una de mis locuras empecé a buscar fotos de niños -imágenes, dibujos…- y encontré un dibujo por Google que dije: “Joder, éste es Rubén”. Y me lo puse de fondo de pantalla. Y un día, comiendo con Óscar, me llamaron, se me iluminó la pantalla y dije, “Tío, es tu hijo.” Y él vio la imagen y se impresionó porque me preguntó de dónde había sacado el dibujo. Espectacular.
¿Cuáles dirías que son tus tres películas de cabecera del cine español?
Posiblemente sea la persona que más veces ha visto en su vida Jamón, jamón. De verdad te lo digo. Y luego soy un enamorado de Sorogoyen, me fascina As bestas, es una película que he visto sin cesar.

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