
Mariano Ozores: 100 años del director que llenó salas de cine
Mariano Ozores: 100 años del director que llenó salas de cine En el centenario de Mariano Ozores, recordamos cinco obras que definen su prolífica trayectoria
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Helena Fernández
Resulta irónico que alguien que llevó en torno noventa millones de espectadores a las salas de cine sea, al mismo tiempo, uno de los directores más ignorado por la crítica. Sus 96 películas y 150 guiones convirtieron a Mariano Ozores en un cineasta prolífico y rentable del cine español, capaz de conectar con el público a través de la comedia.
Su trayectoria ocupa más de cuatro décadas del cine español abarcando distintos movimientos y tendencias cinematográficas, desde la comedia costumbrista y el landismo hasta el cine de la Transición y el destape. Sin embargo, pese a los cambios sociales y políticos que experimentó el país, Ozores mantuvo una apuesta clara por la comedia comercial que entretuviera al espectador.
Su vis cómica como director estuvo estrechamente vinculada a sus orígenes en una familia dedicada al teatro. Durante años recorrió el país con la compañía teatral familiar, consolidando su formación autodidacta que le permitió familiarizarse desde joven con los mecanismos de la comedia y la relación con el público. Por su talento a la hora de parodiar debates sociales en tiempo real recibió el Goya de Honor en 2016, un premio que dedicó a sus queridos actores y, sobre todo, al público que siempre consideró la razón de sus películas.
Con motivo de su centenario, FlixOlé recuerda varias de sus obras más especiales y taquilleras en una colección propia que recorre gran parte de su filmografía, desde sus inicios con Las dos y media y… veneno hasta su última película, Pelotazo nacional.
Don Senén, tío de Begoña, ha gastado la herencia que debía administrar de su sobrina. No obstante, queda todavía un millón de pesetas que se podrá cobrar tras la muerte del tío. Begoña, junto con sus dos hermanos y Don Senén, trazan un plan para falsificar la muerte de este y cobrar lo restante. La situación empieza a complicarse cuando dos de los familiares deciden que, en vez de ser una muerte fingida, sea real.
Las dos y media y… veneno supuso el debut de Mariano Ozores, quien pasó de trabajar principalmente como guionista a dirigir sus proyectos. El largometraje iba a ser realizado inicialmente por su hermano José Luis Ozores, pero éste había recibido la propuesta para dar el salto a la dirección por parte de la distribuidora RKO. Sin embargo, Mariano tomó las riendas de la película, mientras que su hermano mayor interpretó uno de los roles más relevantes de la película.
Así es como el rodaje terminó convirtiéndose en una especie de reunión familiar, contando no solo con Mariano y José Luis, sino también con Antonio Ozores y su entonces esposa, Elisa Montés. A ellos se sumó Fernando Rey, uno de los nombres más destacados del cine español. La película rodada a color y fotografiada por Manuel Merino, premoniza la seña de identidad cinematográfica que caracterizaría el cine de Ozores. Popular por sus comedias de enredo corales llenas de farsa y juegos verbales que están presentes incluso en los títulos de las películas.
Debido a un fallo técnico, un proyectil atómico se dirige a una ciudad española, obligando a la evacuación de todos sus habitantes. Por diversas razones, 13 personas se quedan atrás, sin posibilidad de escapar. Los personajes comparten las pocas horas que quedan previas a la explosión, mostrando las distintas circunstancias y el lado más vulnerable y humano de cada uno.
Obra considerada una “rara avis” de toda la filmografía de Ozores. Singular, arriesgada y de una aspiración intelectual dentro de su trayectoria, se alejó de la comedia popular que había caracterizado su carrera y recibió una respuesta negativa por parte del público. Tras el fracaso comercial, su productora La Hispánica quebró, lo que supuso un revés económico para el director.
El coste por los escenarios reales, la iluminación por los rodajes nocturnos y el reparto de lujo contribuyeron a elevar los costes de la producción, que no consiguió recuperar la inversión esperada en taquilla. Aunque la película recibió una valoración positiva por parte de la crítica, especialmente por su valentía temática, ambientación y el trabajo actoral, Ozores volvió a centrarse en la comedia popular. El largometraje obtuvo el reconocimiento del Sindicato Nacional del Espectáculo, que premió la película al mejor logro artístico y reconoció el trabajo actoral de José Luis Ozores, obsequiándole con el galardón a mejor actor.
A través de este título, Ozores también abordó, dentro de los límites de la época, personajes moralmente cuestionables, como la prostituta o el ladrón. Aspecto delicado con el que sorteó la censura presentando a figuras autoritarias como personajes rectos y buenos, como el policía y el párroco.
Sor Cecilia acude a una librería con el propósito de solucionar la difícil situación económica de su convento mediante la venta de unos códices antiguos. Al intentarlo, coincide con un falso fraile que trata de engañar al vendedor y a ella para hacerse con los valiosos manuscritos. Sor Cecilia, lejos de ser una monja corriente, decide enfrentarse a la situación y, con la ayuda de su primo policía, llevar al estafador y a su banda por el buen camino.
Al margen de la fallida La hora incógnita, Mariano Ozores era considerado uno de los directores más infalibles en taquilla del cine español. Su unión cinematográfica con Lina Morgan estaba más que consolidada, y el público demandaba ver a la actriz haciendo papeles de personajes ingenuos que se expresaran con muecas y gestos de manera recurrente. Su interpretación junto con la de José Sazatornil, “Saza”, fue bien recibida por el público; al contrario que la prensa especializada, que calificó la obra como comedia menor con un guión repetitivo. Sin embargo, Mariano, acostumbrado a la espalda de la crítica, pero respaldado por los aplausos del público, aprovechó el fenómeno de “comedias monjiles” y añadió su toque con una monja atípica, moderna y dinámica que se ve envuelta en una sucesión de engaños y situaciones de enredo. Así convirtió a Lina Morgan en el centro de la acción, aboliendo la imagen de una protagonista religiosa pasiva que, junto con el personaje que interpreta Saza, se integran en una trama marcada por situaciones disparatadas.
Ataúlfo y Paco, dos amigos que participan en una agrupación local de coro y danza, están saliendo con Lola al mismo tiempo sin saberlo. La situación se agrava cuando ella confiesa su embarazo y ambos personajes masculinos se enteran del engaño. Lola, agobiada ante la falta de una firme figura paterna para su hijo, decide que una secta la acoja durante su embarazo, y tanto Paco como Ataúlfo van en su busca.
Mariano había perfeccionado durante los años 70 una fórmula de producción ultrarrápida, con rodajes de cuatro semanas y una postproducción de un par de meses, que explotaría especialmente con el tándem de Esteso y Pajares. Además, con el fin de agilizar y economizar la producción, Ozores rodaba sin sonido directo, incorporando posteriormente los diálogos en el estudio de doblaje.
Un dúo exitoso que comenzó con Los bingueros y acabó con La Lola nos lleva al huerto. Así, este proyecto cierra la colección compuesta por nueve películas protagonizadas conjuntamente por los cómicos Andrés Pajares y Fernando Esteso bajo la dirección de Mariano Ozores. La película, que forma parte del destape, fue un éxito rotundo en taquilla aunque no alcanzó las cifras de títulos anteriores. Como de costumbre, la recepción crítica fue mucho menos amable, tachó la obra de cine chabacano y de baja calidad técnica.
Tres hombres que escalan socialmente con la compraventa de terrenos quieren pegar el mayor pelotazo urbanístico. Sus planes se verán frustrados por la intervención de sus exmujeres y sus parejas actuales, a quienes se unirán Gloria y Manolo.
Aunque Pelotazo nacional no alcanzó la repercusión comercial de otros largometrajes bajo la dirección de Ozores, tiene un lugar especial dentro de su filmografía, ya que es la película con la que se sella su carrera cinematográfica de manera definitiva, tras casi cien títulos. Esta trayectoria, que comenzó en el año 1959, estuvo marcada por el éxito taquillero con películas en las que, por lo general, Ozores no solo dirigía, sino que también escribía el guión. En esta última obra, el director sigue recurriendo a su habilidad innata para parodiar la realidad, llevando esta vez a la pantalla las especulaciones inmobiliarias tras un gran evento en España como la Exposición Universal de Sevilla.
Sin embargo, la crítica catalogó la película como una obra de humor desfasado y chiste rápido, un estilo que triunfó durante los años 70 y 80 pero que no tenía cabida en los años 90. El reparto se nutre de fieles actores con los que había trabajado Mariano en otros proyectos, como José Sazatornil, Juanjo Menéndez e incluso su hermano Antonio Ozores. También aparecen en pantalla caras nuevas como Arancha del Sol y Andoni Ferreño para conectar con el público joven.

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