La rebeldía juvenil, retratada en cinco películas españolas

Un recorrido por el cine español sobre la rebeldía joven desde los años cincuenta hasta los dos mil

Películas adolescentes

Helena Fernández

Cada generación viene acompañada de peculiaridades propias que van evolucionando en un flujo continuo. Por eso, no es de extrañar que la adolescencia de la década de los cincuenta y la de los dos mil apenas compartan rasgos comunes. Una evolución presente en la colección que FlixOlé ofrece, compuesta por una veintena de títulos, con obras como Deprisa, deprisa del director Carlos Saura o Barrio de Fernando León de Aranoa, y varios estrenos sobre el fervor juvenil a lo largo de las épocas. 

Aunque las etapas cambian, la juventud sigue siendo representada como una fuerza que no se somete ante la estructura sistemática, independientemente de su contexto histórico-social. Una representación que recalca la forma en la que las distintas generaciones adolescentes se han reivindicado teniendo en cuenta que en cada época los adolescentes tenían sus propias conjeturas sobre la vida. Inquietudes, aspiraciones y maneras de divertirse diversas acordes a su tiempo y entorno. Además, el cine recoge las dos caras de una misma realidad, las versiones rebeldes de las clases pudientes y las más vulnerables.

La adolescencia transita entre dos puntos alternos, por un lado los jóvenes sumidos en una desesperación caótica y, por otro, aquellos que se aferran al mínimo ápice de luz que encuentran. La pérdida de la inocencia marcada por suplir necesidades económicas, una trayectoria académica prácticamente obligada, sueños frustrados e, incluso, la delincuencia propia de los barrios marginales son temas recurrentes dentro de la selección.

Cuatro amigos madrileños, cuyas edades no alcanzan la mayoría de edad, se ven obligados a hacer vida adulta mientras dejan atrás su adolescencia. Aunque intentan aferrarse a su juventud con planes sencillos como ir al cine o salir juntos, la búsqueda del sustento económico sigue siendo el principal motor que rige sus vidas. Mientras que Andrés, “el Chispa” y “el Negro” cumplen sus responsabilidades inmersos en el mundo laboral, Carlos sigue su monótona rutina formándose en sus estudios.

Películas adolescentes

Esta fue la triste realidad para muchos jóvenes que vieron limitados sus sueños, condicionados por la posguerra española. Un ambiente que el director Marco Ferreri quería transmitir rodando directamente en las calles de Madrid, con localizaciones típicas como Callao y Gran Vía, priorizando exteriores a las grabaciones en estudios. De esta forma, destaca el tinte neorrealista italiano que el director quería dotar a la película.

No obstante, debido a la censura franquista, esa estética no pudo plasmarse con la crudeza que Ferreri quería implementar. Además cambió el humor negro de su película previa con el guion de Rafael Azcona por un tono cómico más suave con el guionista Leonardo Martín. Otro dato a destacar es que ninguno de los protagonistas tenía experiencia actuando, el director prefirió apostar por mostrar aún más la realidad del contexto no solo con las calles sino con los propios personajes.

Mientras que en la película anterior primaba el ámbito laboral, en Los chicos del Preu el foco se desplaza a la vida estudiantil. Un filme que muestra la resiliencia de los jóvenes ante una autoridad parental que exige el futuro académico de sus hijos. Así como el esfuerzo de las clases populares por lograr que su descendencia tuviera una educación digna. Pese a la presión, se presentan alegres y atrevidos, incluso en un contexto donde luchan por conseguir metas impuestas en vez de ir en busca de las propias.

Siendo consciente de la censura de la época, el guion original de Pedro Masó se limitó a concentrar la línea narrativa en un contexto de rebeldía contra la familia más que contra el sistema educativo o político. Una película que muestra la brecha generacional entre los padres que han vivido la posguerra y los hijos encaminados a una cultura pop occidental.

Asimismo, en los personajes podemos apreciar la transición a la modernidad, hacia una nueva tendencia estética que pasaría de lo tradicional a lo “yeyé”. Un estilo que estuvo latente durante toda la producción y que se subió a la ola para sumar puntos en taquilla. De hecho, fue un éxito comercial que atrajo a más de 2,2 millones de espectadores a los cines españoles. El efecto de la película fue tan potente que incluso los jóvenes de la época adoptaron en sus vocabularios la definición de un alumno estresado como “un chico del Preu”.

Se convirtió en un referente de comedia coral y en una de las películas más rentables de la década de los 60. Además, en el elenco participaron cantantes como Karina, quien se convirtió en una de las figuras más potentes del movimiento “yeyé”, y Camilo Sesto, cuya imagen fue explotada en carteles de la película en reestrenos posteriores para aprovechar su fama mundial.

Angélica, Susy y Yvone son tres estudiantes menores de edad que se divierten seduciendo a hombres que les triplican la edad. Entre ellas lo ven como una especie de “pasatiempo” para ganar dinero, aunque en su realidad lo económico no sea un problema ya que pertenecen a familias acomodadas. Tal juego es para ellas que incluso apuestan por sus presas, pero ¿quién es la presa realmente?

La obra de José Antonio de la Loma que se estrena en FlixOlé, no solo refleja a las jóvenes adineradas con una astucia demasiado pícara, sino el poco escrúpulo de los adultos para fantasear e incluso llevar a cabo acciones impuras con gusto.

El director fue uno de los padres del cine quinqui y experto en el cine de explotación. Su experiencia como profesor en barrios marginales para representar la adolescencia despreocupada dentro de su filme. Unos jóvenes orientados a la liberación y el ocio que buscan vivir lejos de los hábitos de sus padres, bajo comportamientos que retratan la diferencia entre generaciones haciendo referencia del paso a la Transición.

Aunque la película no sufrió una prohibición total, sí se vio sometida a procesos de control debido a los mecanismos de regulación todavía vigentes en la época. Unos procedimientos que no solo retrasaron el estreno, sino que calificaron la obra para “Mayores de 18 años”, haciendo que su visionado fuera limitado para la gran mayoría del público juvenil al que iba dirigida la música disco del filme.

De la Loma, encadenó el éxito de la película Fiebre del sábado noche para lanzar su visión de la vida nocturna adolescente en un ambiente adinerado. Dado que la juventud se obsesionó por las pistas de baile, el director las convirtió en los escenarios claves de la trama replicando los bailes de John Travolta en la gran pantalla del país.

Drogas, sexo y la fiebre adolescente de creerse invencible. Una juventud atada a una inconsciencia que solo un adolescente adicto podría tener y que, inevitablemente, acaba en desgracia. En este ambiente, Carlos vive al límite entre sustancias y mujeres; las normas no van con él, y sólo piensa en divertirse con sus amigos en salidas nocturnas que empalma con la siguiente juerga.

El director Montxo Armendáriz adaptó la novela de José Ángel Mañas a una pieza audiovisual que encarna una adolescencia frenética. Al contrario que sus padres, los protagonistas nacen con una democracia ya instaurada y un buen listado de libertades conquistadas. La sensación de vacío se extiende por unos jóvenes sin fuerza motivacional y con una constante pulsión por estímulos extremos y, en ocasiones, violentos.

Películas adolescentes

La obra fue premiada con un Goya al Mejor Guion Adaptado, concedido tanto al director Montxo Armendáriz como al escritor José Ángel Mañas, por conseguir plasmar la identidad literaria en la pantalla. Por otro lado, el director quería que la conexión entre amigos traspasara la pantalla, así que obligó a los actores a convivir y salir de fiesta durante tres semanas previas al rodaje.

Sin embargo, la autenticidad de la obra no solo se aprecia por la complicidad entre actores o las improvisaciones en los diálogos como los de Jordi Mollà (Roberto), sino con temeridades inspiradas de la realidad. Entre estas, la secuencia de los personajes colgados de un puente que fue fruto de una broma real entre los actores tras una noche de fiesta, y las escenas de conducción en dirección contraria en las que los protagonistas estuvieron dentro del coche a velocidad real únicamente protegidos por cámaras en el capó y especialistas que cortaban de manera intermitente las calles.

Tano sale del reformatorio con un permiso que le concede 48 horas para disfrutar la boda de su hermano, así el protagonista regresa a su caótico y desesperanzador entorno en los barrios marginales de Sevilla. Mientras trata de disfrutar las pocas horas de libertad que tiene con sus amigos y con su novia, hace frente al contexto destructivo en el que se ve forzado a madurar.

Una película que captura la viva imagen de la adolescencia vandálica de la periferia en los años 2000 de la mano del director Alberto Rodríguez. Una juventud marcada por la falta de respeto hacia la autoridad, tanto parental como institucional, que tiene sus raíces en el desamparo familiar y la crudeza social de las calles.

El reparto no contaba con actores profesionales, a excepción de Juan José Ballesta, ya que el director quería naturalizar la puesta en escena. De hecho, para integrar al único actor más formado, este se mudó semanas antes del rodaje para convivir en los barrios marginales. La búsqueda de mimetizarse con el ambiente culminó con la música del rapero Haze, un cantante que se había criado en uno de los entornos más desfavorecidos de Sevilla y que, por ende, sabía cómo debía transmitir la historia. Sus composiciones musicales mezclaban hip-hop con el quejío flamenco, un subgénero que se convirtió en el himno de los “canis” o “quinquis” consiguiendo que la película conectara inmediatamente con el público joven. La repercusión del filme fue tan arrolladora que hizo que muchos espectadores compraran entradas para otras películas con el fin de poder colarse a ver 7 vírgenes una vez dentro de las salas.

En cuanto al rodaje, el coguionista Rafael Cobos y Alberto Rodríguez, optaron por una grabación intensa compuesta por más de 70 localizaciones en los meses de producción. Además el director de fotografía y Rodríguez decidieron filmar con cámaras al hombro o sistemas integrados de movimiento rápido para aportar dinamismo y una percepción aún más real. Así es como la trayectoria auténtica que encaminó la producción terminó siendo recompensada con 6 nominaciones Goya, alzándose vencedor Jesús Carroza con el premio a Mejor Actor Revelación, y otros galardones como la Concha de Plata a Mejor Actor en el Festival de San Sebastián de 2005 para Juan José Ballesta.

 

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