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Del fotoquímico a la pantalla
Cabezas cortadas se rodó originalmente en soporte fotoquímico de 35mm. Para la consecución de una nueva copia digital en 4K de la película, es imprescindible realizar un proceso de digitalización de la imagen en un escáner especializado. Dicha labor, consistente en la creación de un archivo digital a partir del material analógico, se llevó a cabo en el mes de abril de 2026 en las instalaciones de la distribuidora Video Mercury Films; concretamente en los laboratorios Cherry Towers. A continuación, detallamos paso a paso en qué consiste esta primera y delicada fase de la restauración cinematográfica:
Conservación del material analógico: el punto de partida
El celuloide o soporte fotoquímico es un material altamente sensible que, con el paso del tiempo, experimenta procesos químicos irreversibles —como el síndrome del vinagre o la degradación de la emulsión— que pueden llegar a destruirlo e incluso hacerlo arder. Por ello, resulta fundamental que el material analógico se almacene en instalaciones especializadas, dotadas de sistemas de climatización continua que garanticen las condiciones idóneas de temperatura, humedad relativa y ventilación para paralizar su deterioro.
En el caso de Cabezas cortadas, los materiales originales se encontraban custodiados en el Centro de Conservación y Restauración (CCR) de la Filmoteca Española, un espacio de alta seguridad con almacenes subterráneos estrictamente acondicionados. Para acceder a este valioso patrimonio y comenzar la restauración, la película se transporta cuidadosamente en latas hasta las instalaciones de Mercury Films, donde los especialistas trabajan sobre ella.
Lavado de la película y preparación: un lienzo impecable
Antes de proceder a escanear, y dependiendo del estado en el que se encuentra el material analógico, es posible que la película requiera una limpieza física previa al proceso de digitalización. Este lavado elimina todas las impurezas que pueda contener el soporte, tales como motas de polvo, fibras, suciedad o partículas que hayan quedado impregnadas en la emulsión a lo largo de las décadas. Para ello, los laboratorios Cherry Towers utilizan un dispositivo especialmente diseñado para el lavado de película. La cinta pasa a través de unos rodillos de algodón humedecidos desde depósitos de alcohol isopropílico a una velocidad de entre 10 y 20 fotogramas por segundo, culminando con un sistema que inyecta aire caliente para secar la película.
Escaneo: capturando la luz fotograma a fotograma
El corazón de esta fase es la digitalización del soporte analógico mediante un escáner de vanguardia, en este caso, el ArriScan. Este dispositivo no “graba un vídeo”, sino que capta la imagen deteniéndose minuciosamente fotograma a fotograma. El proceso consiste en calibrar la máquina y proyectar un haz de luz a través de la película para que una cámara superior de altísima resolución capte la imagen. Se trata de un proceso lento y exhaustivo: la máquina tarda entre 2 y 2,5 segundos por fotograma, por lo que un solo rollo de diez minutos puede tardar hasta ocho horas en escanearse.
En el caso de Cabezas cortadas, para extraer la mejor calidad posible de imagen y sonido, se ha escaneado meticulosamente en 6K, tanto el negativo original como las copias interpositivas e internegativas.
Archivo DPX 16 bits: la huella digital sin pérdidas
El resultado del escáner es una enorme secuencia de archivos individuales (uno por cada fotograma) exportada en formato DPX (Digital Picture Exchange) a 16 bits. Este archivo rasterizado y sin compresión supone la copia digital más pura posible de la película. El formato DPX es popular en la industria cinematográfica debido a la forma específica en que almacena espacios e información de color.
Al ver imágenes DPX por primera vez, puede parecer que están difuminadas o lavadas. No obstante, debido a que están diseñadas logarítmicamente para contener toda la densidad de color y el amplísimo rango dinámico de las altas y bajas luces del proceso de filmación original, los coloristas pueden graduarlas posteriormente para satisfacer las exigencias estéticas únicas de la producción.
Ventajas de la digitalización
La conversión del formato analógico al digital no solo salva obras de su inminente degradación física, sino que ofrece beneficios formidables para el patrimonio cinematográfico. En primer lugar, trabajar sobre el archivo digital permite una menor manipulación del material original fotoquímico, lo que implica frenar su deterioro físico. En segundo lugar, supone un proceso poco invasivo y completamente reversible: los restauradores pueden modificar, limpiar y etalonar la copia digital sin poner en riesgo el negativo histórico.
Finalmente, la digitalización garantiza la perdurabilidad de la obra y facilita de manera drástica la difusión del producto filmográfico, permitiendo que estas joyas del cine vuelvan a exhibirse con una calidad impensable en su estreno a través de salas modernas de cine, plataformas digitales o televisión. A pesar que las restauraciones digitales ofrecen una gran ventaja en cuánto a la accesibilidad de la obra, el formato digital también implica números problemas y se enfrenta a debates sobre su preservación a largo plazo —obsolescencia o incompatibilidad de formatos—.

